Día de publicación: 2026-03-03
Por: Feliciano J. Espriella
Célida López quiere la candidatura de Morena para Sonora en 2027. Su problema no es la ambición, sino los méritos: pocos, cuestionables y algunos francamente inexistentes.
En Sonora hay sueños imposibles, ilusiones tercas y luego está el nuevo proyecto personal de Célida López Cárdenas: convertirse en candidata de Morena a la gubernatura en 2027. Que lo intente no es pecado. Que crea tener con qué… bueno, eso ya entra en la categoría de realismo mágico sonorense.
La exalcaldesa de Hermosillo asegura que su gran fortaleza es la "confianza sólida, sana y real” del gobernador Alfonso Durazo. Es una forma elegante de decir que su principal mérito es pasar lista en el WhatsApp correcto. Según ella, esa cercanía debiera bastar para justificar que su nombre esté en la tómbola. Y uno pensaría que después de tres cargos en este gobierno —Turismo, Jefatura de Oficina y ahora SAGARHPA— tendría algo que presumir. Pero no: el registro histórico de resultados de Célida cabe completo en un post-it.
En Turismo, su paso fue tan memorable como un hotel sin agua caliente. La Jefatura de Oficina le duró menos que una luna de miel mal planeada. Y en SAGARHPA, donde el campo sonorense ruge de problemas reales —sequía, costos, infraestructura agrícola colapsada, ganaderos al borde del colapso— no se ha visto que la secretaria mueva una sola aguja. Ni para bien ni para mal. En el campo no saben si seguir esperando ayuda… o si avisarle que ya llegó.
Pero ella insiste: los resultados están ahí. Solo falta que alguien los encuentre.
La entrevista que ofreció hace unos días con el colega Luis Alberto Medina fue casi un manifiesto de fe en sí misma. Negó ser "padrecista”, negó operar contra el gobernador en la elección del Poder Judicial, negó cualquier sombra. Todo es "mitote”, dice. El problema no es lo que niega, sino lo que no puede afirmar: una trayectoria competitiva, sólida, capaz de sostener una campaña estatal seria.
Convencer al morenismo duro es otro cantar. Para muchos, Célida sigue siendo "la hija pródiga del PAN” que pide el testamento mientras algunos todavía dudan si en serio se cambió de casa o solo vino por la herencia. Ella argumenta que ha trabajado más que nadie. Sus detractores responden que sí, pero trabajando no siempre significa producir.
Y luego está Toño Astiazarán, la sombra incómoda. El alcalde de Hermosillo presume auditorías con "Cero Daño Patrimonial”, obras visibles y una administración que —para desgracia de sus adversarios— sí tiene cosas que enseñar. Célida responde que Toño ganó con trampas, compra de votos y derroche. Es decir: su argumento es que Hermosillo eligió mal… y que ella lo sabe mejor que los hermosillenses.
El contraste es evidente: Toño al menos presume auditorías limpias y un gobierno con procesos estables; Célida, en cambio, solo presume cercanía. Él tendrá pendientes —como cualquier alcalde— pero muestra expedientes; ella muestra resentimientos. Uno tiene administración, la otra, argumentos. Y en política, los expedientes pesan más que los adjetivos.
Pero el verdadero fantasma en esta historia es Luis Donaldo Colosio Riojas. Un apellido que en Sonora abre puertas, conversaciones, nostalgias y hasta heridas mal cerradas. Célida afirma que les gana "a los dos juntos”. Optimismo no le falta. Lo que falta es evidencia. Porque las encuestas dicen otra cosa: Colosio carga un capital simbólico enorme, aunque su carrera haya crecido al norte del país y su administración en Monterrey haya dejado más baches que recuerdos.
Ante eso, Célida reclama que el movimiento vale más que el apellido. Puede ser. Pero también es cierto que en política, cuando el apellido pesa más que los resultados… es porque los resultados son muy ligeros.
Finalmente está el método: las encuestas de Morena. Célida asegura que ahí va arriba. En algún universo, quizás. Pero ella misma reconoce que existe una "valoración política”, ese mecanismo donde el partido decide —con números, mapas y realismo electoral— quién sí puede ganar y quién solo puede contar la anécdota.
Y en ese filtro es donde su aspiración suena más a gesto que a posibilidad. Morena necesita candidaturas que sumen clase media, empresas, estructura y resultados. No basta con decir "soy entrona”. Hay que demostrarlo.
En política, como en el campo que hoy dirige, no se cosecha lo que no se sembró.
Por hoy fue todo, gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
