OLOR A DINERO   "Sonora con el que le pongan… siempre y cuando se apellide Colosio”

Día de publicación: 2026-03-01
Por: Feliciano J. Espriella


En Sonora hay frases que no envejecen: se reciclan. Se desempolvan solas. Regresan cuando la política decide burlarse otra vez de nosotros. Una de ellas —quizá la más incómoda— es aquella que Norberto Corella estampó a ocho columnas en los años setenta, cuando el PRI destapó a Carlos Armando Biebrich y la oposición sonorense apenas alcanzaba a balbucear un amargo lamento: "Sonora con el que le pongan”.

Era una forma elegante de decir que aquí la voluntad ciudadana era un mito, que el dedazo venía de más arriba y que el panismo local, sin músculo ni votos, apenas podía tomar nota de la derrota anticipada. Corella no solamente se quejaba: documentaba la resignación pública ante un sistema político capaz de imponer gobernadores sin resistencia, con una mezcla de entreguismo y normalización del autoritarismo.

Medio siglo después, la frase volvió a tocar la puerta. Y lo hizo sin permiso, sin pudor y sin necesidad de intérpretes. La política sonorense actual —con encuestas bajo el brazo y nostalgia en el corazón— está ensayando un remake involuntario, ahora con Luis Donaldo Colosio Riojas como protagonista de un extraño fenómeno: ser uno de los sonorenses mejor posicionados para 2027… sin haber construido su carrera en Sonora.

¿Exageración? Vamos a los hechos. Colosio nació en Magdalena de Kino, sí, pero toda su vida política ocurrió en otro estado. Su trayectoria es breve: diputado local en Nuevo León, alcalde de Monterrey y ahora senador por primera minoría, también en Nuevo León. No tiene un solo antecedente de gestión, representación o militancia activa en territorio sonorense. No hay registro de que haya trabajado temas de agua, frontera, etnias, sierra, minería o seguridad rural. En resumen: es sonorense por biografía, no por trayectoria.

Y su paso por Monterrey tampoco le ayuda a presumir demasiada solidez. Buena parte de la prensa regiomontana documentó cuestionamientos a su gestión: problemas persistentes de seguridad, movilidad atorada, servicios deficientes, episodios de desgaste de imagen y el célebre momento en que apareció presidiendo una sesión de Cabildo en aparente estado inconveniente. Hubo avances puntuales, sí, pero nada que dibuje al "gran administrador” que algunos quieren vender.

Con ese expediente, lo lógico sería que en Sonora su popularidad fuera discreta. Pero ocurre lo contrario: en varios careos, aparece competitivo, incluso favorito. ¿Por qué? La respuesta es sencilla, aunque políticamente incómoda: por el apellido, no por el arraigo. Por el peso simbólico de una figura histórica que sigue habitando la memoria del país. Por la inercia mediática. Por el deseo de encontrar una opción que no parezca ni PRI recalentado ni Morena en piloto automático.

Y es justo ahí donde la frase de Corella se acomoda como un guante. Porque si un candidato con trayectoria corta, resultados debatibles y sin arraigo político en Sonora puede convertirse en favorito únicamente por el apellido, entonces no hemos cambiado tanto desde 1973. La imposición ya no vendría del PRI hegemónico, sino de una mezcla de encuestas, consultoras y emoción colectiva. El mecanismo cambió; el reflejo cultural no.

Hoy no se trata del "que le pongan” desde Los Pinos, sino del "que le pongan” desde la narrativa mediática, siempre y cuando se apellide Colosio. Si eso basta para ganar Sonora, entonces la política regional no solo cerró el círculo: lo celebró.

¿Colosio Riojas tiene derecho a competir? Por supuesto. ¿Debe explicarse y demostrar conocimiento del estado si quiere encabezar un proyecto serio? Con más razón. Pero lo mínimo que merece Sonora —un estado con problemas estructurales complejos, con regiones olvidadas y con una historia política que ya pagó demasiado por la improvisación— es un candidato que conozca el terreno, los actores y la agenda.

Y para cerrar el círculo, el pasado fin de semana Colosio Riojas se vino a placear a Hermosillo acompañado del dirigente nacional de su partido. No para algo relevante, estratégico o mínimamente sustantivo, sino para aparecer en la toma de protesta del nuevo titular de MC en Hermosillo, un evento que en cualquier otro contexto pasaría desapercibido. Pero ahí estaban, sonriendo, saludando, dejando que las cámaras hicieran el trabajo. ¿Acto de cortesía interna? ¿Gira de reconocimiento? ¿O simple y llana pre–pre campaña disfrazada de "visita partidista”? Porque, para efectos prácticos, el mensaje fue clarísimo: Colosio ya está en territorio sonorense midiendo el ambiente, tanteando la tierra… y probándose la banda de candidato. Y si eso basta para encender expectativas, entonces sí: la frase de Corella vuelve a sonar más vigente que nunca.

Por hoy fue todo, gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

Ir arriba