OLOR A DINERO   "Para Ripley: una que no traga sapos"

Día de publicación: 2026-08-26
Por: Feliciano J. Espriella


En política abundan quienes tragan sapos para conservar posiciones, candidaturas o privilegios. Natalia Rivera eligió otra ruta: ante una decisión tomada desde la cúpula de Movimiento Ciudadano que consideró incompatible con sus convicciones, simplemente puso su renuncia sobre la mesa.

"La política —dicen— es el arte de tragar sapos sin hacer gestos” (existe otra alegoría mucho más vulgar que prefiero omitir). Por eso, me parece, entre las militancias de los partidos políticos no abundan quienes los abandonen atendiendo al llamado de sus valores y principios.

Sin embargo, de cuando en cuando aparece en esos escenarios tan vilipendiados —no sin algo de razón— una de esas excepciones. En mi opinión, Natalia Rivera Grijalva es una de ellas.

El pasado lunes anunció en diversos medios de comunicación su renuncia a Movimiento Ciudadano y a la dirigencia estatal. Lo hizo como suele hacerlo: de frente, directa y sin reclamos.

Lo reseño.

De nuevo, la franquicia política llamada Movimiento Ciudadano parece dispuesta a privilegiar el pragmatismo electoral. Su CEO, Jorge Álvarez Máynez —seguramente con el beneplácito de su propietario, Dante Delgado Rannauro— abrió las puertas a una eventual candidatura de Alejandro López Caballero a la alcaldía de Hermosillo.

De concretarse, la decisión obligaría a la dirigente estatal a tragarse un sapo de dimensiones descomunales, sin que siquiera hubiera sido consultada previamente.

¿Cómo reaccionó la agraviada ante la afrenta?

Natalia no gritó, no se encolerizó, no lanzó chines ni madrazos; vamos, ni siquiera externó una queja ni denunció culpables. Simplemente renunció.

"Hay temas que me superan, que están más allá y, en contrasentido de mi propio interés personal, están mi congruencia y mis ganas de poder ver a los ojos a mi madre y a mi hija. Por eso es que yo he puesto sobre la mesa mi renuncia como coordinadora estatal de Movimiento Ciudadano”, declaró.

Ayer, la gran mayoría de los columnistas sonorenses escribieron sobre la crisis interna de Movimiento Ciudadano en Sonora, detonada por el acercamiento de su dirigencia nacional con Alejandro López Caballero y la consecuente renuncia de Natalia Rivera.

Yo no abordé el tema por dos razones: ya tenía lista la entrega programada para ese día y supuse que la mayoría de mis colegas escribirían sobre el asunto. Lo que yo pudiera agregar terminaría perdido en un mar de opiniones.

No me equivoqué.

Y tampoco pretendo ahora repetir lo ya publicado. Mejor resumo el denominador común de buena parte de esas columnas.

El episodio fue interpretado como una primera sacudida relevante en la configuración electoral de Hermosillo rumbo a 2027 y como evidencia de la tensión entre principios partidistas y pragmatismo electoral.

Arturo Soto, Armando Vásquez Alegría, Judith Franco Ainza, Gaspar Navarro, Samuel Valenzuela y José F. Medina, entre otros, destacaron la congruencia de Rivera al rechazar compartir proyecto con López Caballero y con sectores vinculados al padrecismo.

Martín Romo, en contraste, recordó que Rivera también desplazó anteriormente a cuadros de MC y presentó su salida como consecuencia de prácticas que ella misma habría aplicado. Francisco Javier Ruiz Quirrín introdujo una dosis de cautela: López Caballero reconoce conversaciones con Dante Delgado, pero niega que exista todavía un acuerdo.

Varios coinciden en algo más: una decisión tomada desde la dirigencia nacional debilita la estructura construida por Rivera y podría provocar nuevas deserciones.

De fondo aparece una disputa mucho mayor. Fragmentar o reagrupar a la oposición en Hermosillo puede terminar definiendo quién obtenga la principal ventaja electoral frente a Morena.

Y regreso al título.

La expresión "para Ripley” suele utilizarse para describir algo extraño, curioso o inesperado. En ese sentido la utilizo.

Que un político o una política renuncie a un partido por "cuestiones personales” no tiene nada de extraordinario. Sucede con frecuencia, particularmente cuando se frustran aspiraciones para obtener alguna candidatura.

Pero cuando ocurre algo como lo sucedido en esta ocasión, la mayoría suele pasar saliva para no atragantarse y engullir su batracito sin hacer gestos, como manda el protocolo de la política.

Natalia fue diferente.

Pudo privilegiar posición, estructura y futuro electoral. Eligió congruencia.

No tragó el sapo.

Lo demostró.

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

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