Día de publicación: 2025-07-17
Por: Feliciano J. Espriella
Su legado como revolucionario y estratega militar es innegable: pocos discuten que fue uno de los más brillantes generales de la Revolución Mexicana.
Hoy se conmemora un aniversario más del fallecimiento del general Álvaro Obregón, sonorense ilustre nacido en el municipio de Huatabampo, cuya figura ha dejado una marca indeleble en la historia de México. Su legado como revolucionario y estratega militar es innegable: pocos discuten que fue uno de los más brillantes generales de la Revolución Mexicana. Su victoria en la crucial Batalla de Celaya, donde derrotó al temido ejército de Pancho Villa mediante tácticas de guerra modernas y planificación meticulosa, le valió el respeto incluso de sus adversarios.
Sin embargo, su etapa como gobernante y político ha generado más debate. Fue presidente de México de 1920 a 1924, y aunque logró la pacificación parcial del país y sentó las bases del sistema político posrevolucionario, también protagonizó episodios controvertidos: el asesinato de su antiguo aliado Venustiano Carranza, la sangrienta rebelión de Adolfo de la Huerta, y su reelección frustrada en 1928, truncada por su asesinato en el restaurante La Bombilla, en la Ciudad de México.
Para Sonora, Obregón es figura central: símbolo de la capacidad del noroeste para incidir en la política nacional. Su nombre está inscrito con letras grandes en la historia, no sólo como presidente, sino como militar visionario y estratega implacable. Hoy, al recordarlo, reconocemos en él al hijo de esta tierra que llevó a Sonora al centro del poder nacional, y cuya vida —y muerte— reflejan las luces y sombras de la Revolución Mexicana.
