Día de publicación: 2023-06-17
Por: Feliciano J. Espriella
Marcelo Ebrard no tiene ni la pinta ni evidentemente los tamaños para jugar al juego de ‘el bravucón’. Siendo él mismo, ha llegado hasta el umbral de la presidencia, si abandona esa ruta se puede extraviar y no sería la primera vez que le sucede.
Ante el inicio de lo que será la carrera final para elegir a quien representará a Morena en la próxima contienda presidencial, saltan a la vista dos verdades de Perogrullo:
1. Sólo existen dos contendientes con capacidad, tamaños y posibilidades de llegar a la presidencia de la República: Claudia Sheinbaum (primero las damas) y Marcelo Ebrard. Los otros cuatro sólo son comparsas que aderezarán el proceso.
2. De entre los dos contendientes reales, la exjefa de gobierno de la CDMX inicia el proceso con una amplia ventaja en las preferencias de los electores. Todas las encuestas, hasta las de los medios más adversos al lopezobradorismo desde hace más de un año le confieren 10 o más puntos porcentuales de ventaja a la Sheinbaum.
Marcelo Ebrard y su equipo lo saben, y lo saben muy bien. Él es sin duda alguna un hombre inteligente, preparado y capaz. Sería probablemente un excelente presidente de la República, e intentarán por todos los medios remontar esa desventaja en las encuestas.
Para ello, desde hace más o menos un año ha intentado diversas estrategias, entre las que destaca el ridículo que hizo al grabar unos videos en TikToc, lo cual, además de enormes dosis de pitorreo que le llovieron en las redes sociales, no le sirvió absolutamente para nada.
Por ello, me parece qué cuando menos desde finales del año pasado, empezó a mostrar una personalidad un tanto diferente a la del político serio, adusto y muy comprometido con su responsabilidad, que había mostrado a lo largo del sexenio.
Se le vio
entonces bromista y dicharachero, pero para su desventura esa nueva máscara
tampoco impactó en las encuestas. Fue entonces, creo yo, que decidió jugar un
papel al que en su oportunidad jugaron en diferentes épocas Andrés Manuel López Obrador y recientemente
Ricardo Monreal. El
del rebelde, el de ‘el brabucón’ que reta y desafía el establishment y a
su partido, incluido el mismísimo presidente de la República y propietario
absoluto de Morena.
Fue así como a fines del 2022 empezó a presionar para que se definiera el método para elegir al candidato en las que propuso varias acciones como la realización de debates entre los contendientes y, sobre todo, la renuncia conjunta de todos los aspirantes.
Poco después lanzó su primera gran ofensiva. Marcelo Ebrard quiso verse como un competidor explosivo con el lanzamiento de su libro de autoelogio. Lo ha presentado en todo el país con un enorme gasto de promoción en anuncios espectaculares y hasta en las pantallas luminosas de algunos aeropuertos.
Ese fue el primer gran ataque del excanciller, al que no respondieron —o no inmediatamente— sus rivales en la contienda por la candidatura presidencial de Morena.
Aceleró bastante Marcelo para intentar recortar la distancia que en las encuestas le separa de Claudia Sheinbaum. Logró acercarse un par de puntitos, pero pronto la jefa de gobierno recuperó la ventaja. Claudia no se desesperó, no apretó el paso, siguió a su ritmo y cuando la embestida de Ebrard perdió fuerza, las cosas volvieron a donde estaban: una diferencia de dos dígitos a favor de ella.
Ante esta otra intentona fallida, Ebrard volvió a ponerse la cachucha de ‘el bravucón’ y con diversas acciones entre las que destacó el anuncio de su inminente renuncia a la SRE, forzó a que se le concedieran algunas de sus peticiones.
Pero no paró allí, Marcelo insistió en jugar el papel del rebelde sin causa y mostrarse como el pionero en la contienda. Fue el primero en renunciar a su secretaría, fue el primero en registrarse, fue el primero en romper la censura autoimpuesta de evitar ‘los medios reaccionarios, conservadores, adversarios de la 4T y afines al viejo régimen’. Sus seguidores también rompieron un tácito acuerdo de civilidad y hostigaron a Claudia Sheinbaum a su arribo a la reunión de la cúpula morenista.
A la luz de los acontecimientos podría decirse que la estrategia de Marcelo le ha funcionado, pero esto apenas empieza y con toda seguridad que los acontecimientos se recrudecerán conforme avance el tiempo. El riesgo es que Marcelo y seguidores estiren tanto la liga que termine por romperse.
Ricardo Monreal, quien podría estar detrás de esta estrategia, intentó algo similar y finalmente perdió mucho del capital político que había acumulado frente al presidente durante décadas. Fue por lana -como coloquialmente decimos- y salió trasquilado”.
Marcelo Ebrard no tiene ni la pinta ni evidentemente los tamaños para jugar al juego de ‘el bravucón’. Siendo él mismo, ha llegado hasta el umbral de la presidencia, si abandona esa ruta se puede extraviar y no sería la primera vez que le sucede.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
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