Día de publicación: 2023-06-14
Por: Feliciano J. Espriella
Si no se comparan situaciones aparentemente similares pero que arrojan resultados muy diferentes, ¿Cómo se podría llegar a encontrar fórmulas que permitan a que lo que ha resultado bien en algo ayude a mejorar lo que no ha resultado tan positivo en otra parte?
Dicen que las comparaciones son odiosas, a lo que agregaría: sobre todo para quienes les son adversas. Todo el mundo hace comparaciones constantemente y en un entorno competitivo, como el actual, no deja de ser esta, en algunas ocasiones, una actitud extraordinariamente práctica.
Además, si no se comparan situaciones aparentemente similares pero que arrojan resultados muy diferentes, ¿Cómo se podría llegar a encontrar fórmulas que permitan a que lo que ha resultado bien en algo ayude a mejorar lo que no ha resultado tan positivo en otra parte?
O a la inversa, para encontrar las fallas y errores de acciones que no han arrojado óptimos resultados, comparándolos con los que sí permitieron logros importantes, estaríamos en posibilidades de definirlos. Errar, fallar y obtener resultados mediocres o negativos no es una catástrofe en sí, pero negarse a ver lo que sucede positivamente en situaciones similares producto de acciones diferentes en otros lugares o por otras personas, es una verdadera aberración.
En ese sentido, mirar a la competencia no tiene nada malo, cuando lo hacemos nos podemos dar cuenta qué tipo de cosas hacen o han hecho y si han funcionado, después de esto ya está en nuestras manos identificar si sería bueno o no para nosotros hacer algo similar, y digo similar porque no se trata de copiar las acciones, sino de identificar la estrategia que se esconde detrás de estas ideas.
La semana pasada estuvimos en el occidente del país. Viajamos a Guadalajara a un evento de interés para las actividades de mi esposa que se realizó el domingo 4 de junio, y el resto de la semana decidimos echarnos una vueltecita por Puerto Vallarta y conocer la Riviera Nayarit, región turística que en los últimos años ha tenido un desarrollo portentoso,
Consiste en un corredor que se extiende a lo largo de 307 kilómetros sobre el pacífico, que cubre al estado de Nayarit, principalmente en el municipio de Bahía de Banderas, Compostela, San Blas, Santiago Ixcuintla y Tecuala que se encuentra ubicado a solo 10 minutos al norte del Aeropuerto Internacional de Puerto Vallarta. La Riviera Nayarit se extiende desde Nuevo Nayarit hasta la Boca de Teacapán.
Sus principales atractivos turísticos son las playas y regiones naturales que se extienden a lo largo de la Riviera y varios atractivos adicionales como manglares, humedales, lagunas costeras, vestigios arqueológicos, pueblos mágicos
Por muchos años la Riviera Nayarit era uno de esos lugares que se mantuvieron casi en secreto, a la sombra de Acapulco y Puerto Vallarta, pero en los últimos años la Riviera Nayarit ha cobrado relevancia como destino turístico, a nivel no solo nacional sino internacional, compitiendo a la par de destinos como Cancún o la Riviera Maya en Quintana Roo.
Visitamos dos de las poblaciones y en una de ellas nos hospedamos. Son pueblos pequeños, con algunos espacios muy atractivos, pero también con amplias zonas de muy mal aspecto. Hay ya algunos hoteles de muy buen nivel, muchos edificios de apartamentos terminados y en operación, así como varios más en construcción y, sobre todo, una gran afluencia de turistas, incluso extranjeros a pesar de no haber iniciado la temporada turística.
Pero lo que más nos llamó la atención fueron sus playas, las cuáles, más allá de la ceguera natural de quienes ven en lo propio al non plus ultra de la creación, nuestras playas son infinitamente superiores en todos los aspectos:
Las playas de Sonora son muchísimo más bellas, con mareas apacibles y arena amigable. La realidad es que las dos playas que visitamos en la Riviera Nayarita, una en Sayulita y la otra en Bucerías, circunscribiéndonos sólo al aspecto físico de la playa, el entorno, el paisaje, las marejadas y el agua en sí, no tendrían nada que hacer frente a la de menores atributos en Sonora.
¿Por qué entonces esos lugares reciben cada año cientos de miles de visitantes de todo el planeta, mientras nuestros destinos turísticos en sus mejores días se encuentran llenos de sonorenses y en el mejor de los casos con algunos grupos de americanos que no llegan a representar ni el 20 por ciento de la ocupación hotelera?
De una cosa estoy seguro, todas esas pequeñas poblaciones, hace 40 años, cuando San Carlos ya era una realidad y Puerto Peñasco estaba en los inicios de su despegue que se vislumbraba espectacular, estaban en pañales en materia turística.
Podría apostar que encontrar una habitación dónde pernoctar en cualesquiera de los 30 poblados que integran la Riviera Nayarit en los años 80, era tan difícil y complicado como hacerlo hoy en muchas de nuestras bellas poblaciones de la sierra. Y lo que son las cosas, varias de esos ahora destinos turísticos de moda, tienen una oferta hotelera y gastronómica muy superior a la de cualquiera de nuestros destinos de playa.
No estaría por demás, que Roberto Gradillas, nuestro titular de turismo, se echara una vueltecita por aquellas zonas y analizara qué hicieron, qué están haciendo, y qué van a hacer en materia de desarrollo turístico. Claro, en el supuesto de que no tenga telarañas mentales que le obnubilen la visión y piense que él es el papá de los pollitos y sólo los chicharrones de su jefe ADM truenan en Sonora.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
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