Día de publicación: 2023-04-17
Por: Feliciano J. Espriella
Creo que no sólo San Pedro de la Cueva, sino una gran cantidad de las poblaciones rurales del estado se encuentran en la misma situación y seguramente de todo el país, de las cuales se acuerdan que existen los gobernantes y legisladores cuando andan en campaña, o sea cada tres años, mientras, que se las cargue el payaso y sobrevivan como Dios les dé a entender.
Después de dos semanas de ausencia retomo la actividad de escribiente. Cuando avisé que dejaría de publicar esta columna y de realizar los envíos de audiocolumnas que habitualmente hago de lunes a viernes en las primeras horas del día, recibí varios mensajes deseándome felices vacaciones, los cuales agradezco, aunque el motivo principal de suspender los envíos no fue el que me dispusiera a dedicar todo mi tiempo a la holganza.
No, de hecho, podría y me gustaría haber reanudado los envíos pasada la Semana Santa, la de Pascua, pero como conozco el pésimo servicio en materia de Internet con el que Telcel explota y literalmente abusa de la población de San Pedro de la Cueva, sabía de antemano que me sería poco menos que imposible realizarlo.
Quiero destacar que el peor servicio de Internet que he conocido y utilizado en todo el planeta lo he encontrado en San Pedro de la Cueva, y he estado en multitud de pequeñas poblaciones alejadas de las grandes urbes en varios estados del país, como Chiapas, Yucatán, Quintana Roo, Durango y Zacatecas, por mencionar algunas, así como en pequeñísimos poblados de Chile, Colombia, Perú y Corea, entre otros países.
De allí el título de la presente entrega. Creo que no sólo San Pedro de la Cueva, sino una gran cantidad de las poblaciones rurales del estado se encuentran en la misma situación y seguramente de todo el país, de las cuales se acuerdan que existen los gobernantes y legisladores cuando andan en campaña, o sea cada tres años, mientras, que se las cargue el payaso y sobrevivan como Dios les dé a entender.
He estado en San Pedro de la Cueva en múltiples ocasiones en los últimos 20 años en virtud de que es la tierra natal de mi esposa y, por lo tanto, es la población rural que mejor conozco. Su gente, como la de todas las pequeñas poblaciones de nuestro estado, es de lo más cordial y afable. Se disfruta de una gran tranquilidad, se degustan exquisitos platillos regionales y en general se la pasa uno muy bien, siempre y cuando se esté dispuesto a prescindir de las ventajas tecnológicas, de comunicación y lúdicas que ofrecen las ciudades y, sobre todo, dispuesto a sufrir las calamidades que pueden venir provenientes de un acto fortuito, o de fuerza mayor, como sucedió en dicha población la semana pasada.
Desde aproximadamente las 8:00 de la mañana del martes 11 de abril hasta más o menos las 8:00 pm del miércoles 12, en toda la población dejó de operar el sistema de agua y no hubo en toda la red, durante esas 48 horas una sola gota en los hogares sampedreños y con temperaturas cercanas a los 40 grados centígrados.
Fuimos por ahí de mediodía a averiguar los motivos del corte y las expectativas de reanudación del servicio al ayuntamiento. Nos atendió una empleada que iba de salida, quien amablemente nos explicó que como no tenían agua ni para los sanitarios, el alcalde ordenó el cierre de oficinas más temprano.
El problema, según nos enteramos después, consistió en que un transformador (supongo ha de ser el que rebombea el agua al poblado) se quemó, y habría que esperar que CFE lo reparara o lo cambiara, lo cual tardó 36 horas.
Aquí es cuando uno se pregunta: ¿Cómo es posible, dejar sin el líquido vital a toda una población cerca de dos días, si los técnicos, los equipos y toda la gama de materiales que necesitaran están a sólo dos horas de camino?
La única respuesta que encuentro es la de la cabeza de esta nota: son pueblos olvidados hasta por sus propios gobernantes. La presidencia municipal brilló por sus luces, pues ante un problema de tal magnitud, cuando menos pudo buscar la manera de enviar por pipas o el conducto que se le ocurriera, agua a los hogares que se quedaron sin una gota. Pero no, la única acción que tomó el presidente municipal fue la de mandar a sus colaboradores a sus casas.
¿Y el gobierno del estado habrá hecho algo? Lo dudo, es más, estoy seguro de que ni siquiera se enteró el gobernador ¿Qué tanto puede importarle a algún político una población con expectativas de unos 500 o 600 votos?
Es más, en
ocasiones me dan la impresión de que hasta les avergüenza decir que buscan el
beneficio de la población. Eso me pareció hace unas semanas cuando el Alfonso
Durazo anunció la rehabilitación de la carretera Hermosillo-Mazatán y comentó
lo siguiente:
"Trabajamos para lograr un Sonora conectado. Cada comunidad, cada ciudad, cada pueblo, debe estar interconectado con todo el estado para facilitar la circulación de bienes y personas, en particular turistas, para mejorar la economía de las familias sonorenses”.
Cuánto desdén y cuánta indolencia hay en ese párrafo: "en particular turistas”, yo le preguntaría, ¿y los moradores de esas poblaciones, sólo por el hecho de ser sonorenses, no merecerían tener buenas y seguras carreteras que protejan su integridad y la de sus vehículos? Los turistas sólo dejan dinero gobernador, los habitantes de los pueblos lo llevaron a la gubernatura. Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
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