Día de publicación: 2022-11-28
Por: Feliciano J. Espriella
En el concepto de propaganda caen los gastos que en medios de comunicación realizan todas las instituciones de gobierno, así como los costos de los eventos en los que se pretenda dar a conocer información emanada tanto de las instituciones como de los gobernantes, independientemente del origen de los fondos con los que se hayan solventado.
Y cuesta mucho. Antes de desarrollar el tema quiero hacer una distinción entre publicidad y propaganda, en virtud de que muy frecuentemente se confunden los términos o se toman como sinónimos, lo cual es erróneo.
La publicidad, según una de las acepciones de la Real Academia Española, es: "Divulgación de noticias o anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores, usuarios”.
Sintetizando, su uso es comercial y la utiliza la iniciativa privada, en tanto la propaganda es manejada por organismos para difundir ideologías, doctrinas, opiniones y en general todo tipo de información de instituciones públicas.
En el concepto de propaganda caen los gastos que en medios de comunicación realizan todas las instituciones de gobierno, así como los costos de los eventos en los que se pretenda dar a conocer información emanada tanto de las instituciones como de los gobernantes, independientemente del origen de los fondos con los que se hayan solventado.
De ahí el tema de esta entrega, pues ha sido sumamente criticada la marcha que el pasado domingo promovió el presidente de la República, que ha sido reconocida hasta por algunos críticos a la cuatroté, como la más numerosa realizada a la fecha.
Bautizada como "la contramarcha”, "la marcha de la ignominia”, "la marcha de la venganza”, "la marcha de los ardidos”, "la marcha del ego”, "la marcha del ardor”, "la marcha del acarreo”, "la marcha de la vaselina”, y algunos otros nombres entre ingeniosos y peyorativos, fue tema de cuando menos el 50 por ciento de los columnistas el día de ayer tanto nacionales como locales, de los cuáles, 9 de cada 10 arremetieron contra AMLO y su movimiento.
Entre las críticas tanto previas como posteriores a la marcha, sobresalen dos argumentos que, para no herir susceptibilidades, no diré que son falaces, pero si distorsionados: 1) El motivo, y 2) El costo.
Según la inmensa mayoría de quienes abordaron el tema, la marcha del 27N fue la respuesta visceral del presidente a la que dolosamente llamaron marcha en defensa del INE bajo el slogan #ElINENoSeToca, que en realidad fue una marcha Anti Amlo en la que sólo se escuchó de parte de los manifestantes improperios e insultos de lo más soez en contra del presidente y su proyecto de nación.
Desde que se ideó fue con ese propósito, empezando con la fecha en que se programó, o qué, ¿alguien cree que realizarla en el cumpleaños del presidente y a escasos 18 días de la fecha en la que había convocado para celebrar el 4º aniversario de su arribo a la presidencia fue coincidencia o fortuito? Pues si ya cumplieron los 10 años y ya no se chupan el dedo, lo dudo.
Lo provocaron, y más que una reacción por haberle rascado al tigre aquello que dicen no se le debe rascar, le dieron al presidente el pretexto ideal para contender en un terreno en el que es más que experto, es su mero mole. Y se los demostró.
Ahora vamos con el tema de la lana. Todos los que se refirieron a este asunto, fustigan a la cuatroté por utilizar recursos provenientes de nuestros impuestos para realizar la marcha. Lo más curioso es que la mayoría son verdaderos sicarios de la pluma que nunca se percataron de ello cuando Peña Nieto y antecesores mes tras mes les llenaban los bolsillos de la misma arca que ahora defienden ¿Qué pensarían que sus generosos chayotes los aportaban instituciones de beneficencia o vendrían de otro planeta? Quien sabe. Transcribo un par de comentarios al respecto:
Leo Zuckermann, en su columna en el diario Excélsior, publicó
Por su parte, Darío Celis en El Financiero, escribió:
Ahora bien, ni estos dos conspicuos opinólogos, ni los cientos que a lo largo y ancho del país hicieron comentarios similares, aportaron una pequeña prueba de sus afirmaciones, pero convengo que pudieran tener razón. Por ello, y como dicen los abogados, suponiendo sin conceder que el costo salió del erario, y más allá de la argumentación de que si está bien o está mal, lo cual dejo al criterio de ustedes, yo sólo quiero hacer una comparativa.
Los gastos de propaganda que se contabilizan en las partidas de las dependencias de "Comunicación social”, en el sexenio de EPN superaron los 60 mil millones de pesos (mmdp), en tanto, en los 4 años del gobierno actual fluctúan alrededor de 10 mmdp, y si gastaron 1.5 o 2 mmdp más, aún están muy por debajo del dispendio del que no se acuerdan, o no quieren acordarse por haber sido generosamente salpicados, quienes ahora cuidan el presupuesto con más celo que su linaje y alcurnia.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
Twitter: @fjespriella
Correo: felicianoespriella@gmail.com

"LA
CONTRAMARCHA DE ayer en la CDMX no costó los mil 500 millones de pesos que le
referí en este espacio el viernes; sus organizadores, por lo menos, se gastaron
mil 870 millones de pesos”.