Día de publicación: 2022-10-04
Por: Feliciano J. Espriella
Periodista malo, nadie lo duda, pero al igual que en todas las profesiones y oficios en los que abundan quienes ensucian y denigran la actividad, en el periodismo también los hay, y muy malos. Así como hay malos abogados, malos ingenieros, malos médicos, etcétera, también hay malos periodistas y Carlos Loret de Mola, entre la muchedumbre de malos periodistas, es uno de los más relevantes.
El jueves por
la noche el periodista Carlos Loret de Mola
dio a conocer que había recibido de un grupo de hackers, información sustraída a
la Secretaría
de la Defensa Nacional (Sedena,) en la que, según dijo en su
transmisión, se evidenciaba que el presidente había mentido sobre su salud.
También reveló información referente al culiacanazo, la cual ya era ampliamente
conocida.
Subrayo la palabra periodista que antepuse al nombre del controversial sujeto que ha hecho de la insidia, calumnia Y difamación, su signo distintivo en los medios de comunicación, porque, aunque para muchos lo que hace no es periodismo, en lo personal opino lo contrario. Loret de Mola realiza acciones que corresponden a la actividad periodística, por lo tanto, es periodista.
Periodista malo, nadie lo duda, pero al igual que en todas las profesiones y oficios en los que abundan quienes ensucian y denigran la actividad, en el periodismo también los hay, y muy malos. Así como hay malos abogados, malos ingenieros, malos médicos, etcétera, también hay malos periodistas y Carlos Loret de Mola, entre la muchedumbre de malos periodistas, es uno de los más relevantes.
Malo y tarugo. Dicho el segundo calificativo para no utilizar una palabra muy socorrida en el lenguaje bronco del mexicano, pero que no utilizo en mis escritos para evitar recurrir a la vulgaridad, algo que muchos otros colegas lamentablemente soslayan.
Y le digo
tarugo, porque en el enfoque de sus propias comunicaciones, hace evidente que no
tiene más objetivo que intentar dañar la imagen del presidente López
Obrador, lo cual refrendó en el incidente objeto de este texto. Tenía en
sus manos, según han informado los hackers y él mismo, miles o millones de
notas informativas sobre eventos y acciones acontecidas en las últimas décadas
en la vida institucional del país, y él, en su obcecación por atacar a AMLO,
con lo que sea y por lo que sea, en vez de buscar información de
acontecimientos verdaderamente graves que han sucedido en el país, como la
masacre de Acteal, los acontecimientos del 2 de octubre del 68, o
los del Jueves de Corpus en el 71, e incluso lo del asesinato de los 43
normalistas de Ayotzinapa, busca y publica sólo datos de la enfermedad
del presidente y del acontecimiento conocido como el culiacanazo, cuya
información era ya ampliamente conocida.
La salud del primer mandatario de un país es importante en todas las naciones del planeta, y la información que suelen dar las personas encargadas de comunicación cuando éste se enferma, son bastante mesuradas, más que todo por la inquietud que genera y las especulaciones que de inmediato suscitan, lo cual puede llegar a tener fuertes repercusiones sobre todo en los mercados financieros.
Entonces, que el presidente a principios de año haya tenido un problema de salud, no es nada anormal considerando los males que padece y que son del dominio público. Que se le haya trasladado en ambulancia, forma parte del protocolo normal al que se somete cualquier paciente que presente síntomas preocupantes de salud, y que se le haya trasladado en helicóptero, es lo menos que en cualquier país del mundo hubieran hecho los encargados de velar la salud de su primer mandatario, en el caso de que se encontrara lejos de una clínica u hospital, que cuente con equipo, instrumental y médicos en calidad y suficiencia para atender a un paciente de tal importancia en el caso de agravarse el malestar que le aqueja.
Era tan, pero tan grave su estado de salud, que al día siguiente el presidente ofreció su tradicional conferencia de prensa conocida como la mañanera y, absolutamente nadie le notó signos de malestar y pudo, como lo hace de lunes a viernes, estar de pie por espacio de más de dos horas.
Creo que en todo este asunto, queda evidente la maledicencia del periodista malo y tarugo, que cuando menos sirvió para que muchos nos enteráramos que la salud del presidente es peor de la que suponíamos, ante quienes, seguramente al ver los esfuerzos que hace trabajando de 15 a 18 horas diarias los 7 días de la semana con una salud precaria, le granjeará mayores simpatías e incrementos en sus índices de popularidad.
Pero ha servido también para que muchos seguidores del periodista malo y tarugo, así como los adversarios del presidente, se enteren que su salud (de AMLO, no la de ellos que probablemente desmejore por las bilis derramadas), es mejor de lo que les gustaría y, por lo pronto, no se encuentra en el umbral del viaje sin retorno.
Lamentablemente en este país hay millones que se alegrarían con la muerte del presidente.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
Twitter: @fjespriella
Correo: felicianoespriella@gmail.com
