Día de publicación: 2022-09-26
Por: Feliciano J. Espriella
Lo que significa el relevo generacional, también llamado sucesión, implica un traspaso del poder en una organización de una generación a otra, para que ésta se mantenga operativa por muchos años y pueda entregar a tiempo las riendas a los equipos de trabajo del futuro.
Se trata de prever, capacitar y preparar a quiénes dentro de la organización tienen mayores aptitudes, disposición y deseo de conducirla una vez que los directivos actuales, por las razones naturales que impone el tiempo, se vean en la necesidad de ser relevados.
En varias ocasiones he escuchado o leído declaraciones de dirigentes políticos acerca del relevo generacional al interior de sus partidos. Por lo general lo hacen casi echando espuma por la boca y con referencias grandilocuentes a sus programas al respecto como si en verdad estuvieran preparando nuevos cuadros políticos que al relevarlos lleven a sus organizaciones a otro nivel.
Pamplinas, la realidad es que en la práctica lo único que transmiten con eficiencia son su bagaje de triquiñuelas que los han llevado a los más elevados niveles de desprestigio.
Dice un dicho que las palabras convencen, pero los ejemplos arrastran, y eso es precisamente lo que hacen quienes al encontrarse en el pináculo de las organizaciones políticas: dan no sólo ejemplos verdaderamente ignominiosos para conservar o arrebatar posiciones, sino también en multitud de ocasiones, forzar a realizar acciones deleznables y vergonzantes a quienes han venido escalando por esfuerzo y méritos propios para colocarlos en alguna posición a la que no le dieron oportunidad de alcanzar en buena lid.
¿Qué es el relevo generacional?
Lo que significa el relevo generacional, también llamado sucesión, implica un traspaso del poder en una organización de una generación a otra, para que ésta se mantenga operativa por muchos años y pueda entregar a tiempo las riendas a los equipos de trabajo del futuro.
Se trata de prever, capacitar y preparar a quiénes dentro de la organización tienen mayores aptitudes, disposición y deseo de conducirla una vez que los directivos actuales, por las razones naturales que impone el tiempo, se vean en la necesidad de ser relevados.
Ello sucede en todo tipo de organizaciones empresariales, sociales, religiosas y teóricamente en las políticas, de tal manera que, llegado el momento del relevo, se haga una transición tersa en la que la organización no sufra menoscabo y pueda continuar su desarrollo. Huelga señalar que él o los elegidos para tomar la estafeta, deben contar con varios atributos personales entre los que destaca la integridad, valor que desafortunadamente, como lo constatamos cotidianamente, en la actividad política no tiene mucha relevancia.
Es más, en multitud de ocasiones viene a ser un lastre del que hay que desembarazarse si se tienen intenciones de ascender. En la política, es más fácil llegar a la cima reptando como víbora que volando como águila.
Ejemplos hay en cantidades portentosas, como lo acabamos de ver en el affaire que al iniciar califiqué de comedia, del relevo en la directiva del PRI Sonora.
Para mí, un caso verdaderamente lamentable sucedido recientemente y por el que siento realmente pena ajena, es el de Iris Sánchez Chiu, hija de quien fue, según sus allegados, un luchador por los derechos de los campesinos, quien por ello, y por su excelente liderazgo, se ganó el respeto y cariño del sector agrario.
Fue también cofundador
del Sindicato de Trabajadores de las Ramas Agrícola, Ganadera Industrial,
Acuícola y Agroindustrial de Sonora Salvador Alvarado, el cual
lideró durante muchos años. Cargo que heredó a su hija Iris y hasta donde tengo
conocimiento aún ostenta.
Iris Sánchez Chiu formó parte de los aspirantes a presidir el PRI Sonora y, en mi opinión, de la decena registrada, era alguien que por su larga, limpia y brillante trayectoria partidista, así como su aceptación dentro de la militancia, podría haber triunfado en una contienda verdaderamente democrática.
Pero de cualquier manera llegó, sólo que en vez de entrar por la puerta grande, ingresó por la trastienda y, de esa manera, a querer y sin ganas, pasó a formar parte de la muchedumbre de políticos tramposos que se prestan a usurpar lo que no pudieron lograr en una contienda.
No he tenido muchas oportunidades de tratar con Iris Sánchez Chiu, si acaso una sola charla hace algunos años. Pero con beneplácito por sus orígenes y simpatía, la cuál, desde siempre me han causado los jóvenes que en un ambiente tan sucio como el político, avanzan con trabajo, dedicación y esfuerzo y, parafraseando al bardo, como las aves que cruzan el pantano y no se manchan”.
Tal vez es lo que le faltaba para completar su instrucción y graduarse. No diría que con honores, pero ya empezó a cosechar frutos. Haiga sido como haiga sido, diría el clásico.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
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