Día de publicación: 2022-09-05
Por: Feliciano J. Espriella
Cuando se tratan temas de violencia de género, sabemos de antemano que se refiere a golpes, maltratos, insultos, chantajes y otras lindezas similares que algún varón o varones profirió a alguna fémina. Pero nadie califica de violencia de género cuando alguna mujer pone como Santo Cristo a su marido, o lo insulta, lo chantajea, lo difama con las comadres y algunos etcéteras.
Desde hace un buen tiempo, los temas de género han venido cobrando una inusitada relevancia en todo el país. Sin embargo, en todas las ocasiones el enfoque es para referirse única y exclusivamente hacia situaciones en las que son protagonista mujeres.
Si recurrimos a la definición de género, la acepción tres, de ocho que plantea la Real Academia Española, es la siguiente:
La definición es clara, dice "Grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo”, o sea hombres y mujeres, féminas y varones, niños y niñas, no dice que sólo las mujeres. Pero cuando en la vida cotidiana, en la sociedad, en el gobierno, en la política y la religión, entre muchas otras entidades se habla de género, se refieren exclusivamente a la mujer.
Cuando se
tratan temas de violencia de género, sabemos de antemano que se refiere a
golpes, maltratos, insultos, chantajes y otras lindezas similares que algún
varón o varones profirió a alguna fémina. Pero nadie califica de violencia de
género cuando alguna mujer pone como Santo Cristo a su marido, o lo
insulta, lo chantajea, lo difama con las comadres y algunos etcéteras.
Si hablamos de paridad de género, nos referimos únicamente a que en una organización o entidad debe haber la misma cantidad de féminas y varones en su conducción, gobierno o administración. Pero cuando ello no se da y hay más hombres que mujeres, se arma la de San Quintín y llueven las protestas que llegan hasta manifestaciones públicas y demandas hasta a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la ONU y en un descuido hasta la Corte Celestial. Pero no pasa nada y nadie grita si la disparidad es en contra de los sufridos varones.
Para no ir muy lejos, en el H. Congreso del Estado de Sonora, tenemos dos claros y recientes casos de ‘disparidad de género’. De las 33 diputaciones, 19 son para mujeres y sólo 14 para hombres. En vez de la paridad que representaría tener porcentajes de 50, 50 para cada sexo, tenemos 58% para damas y 42% para caballeros.
En legislaturas anteriores, cuando después de las elecciones y hacer los cómputos respectivos, los resultados en número de curules eran desventajosos para las mujeres, el Instituto Estatal Electoral de Sonora (IEE Sonora) intervino y hasta se dio el lujo de emparejar los momios desconociendo a diputados varones y sustituyéndolos por mujeres, sin importarle siquiera que con dichas acciones modificaba la composición de las fuerzas electorales en detrimento de algún partido.
Y en cambio con los resultados de 2021 de los que salieron 19 diputadas y 14 varones, no dijo ni pío.
Otro ejemplo originado en el H. Congreso nuestro en el que les valieron gorro los derechos masculinos, se acaba de presentar en la designación de la nueva mesa directiva del Congreso.
Desde los inicios de la LXIII Legislatura en septiembre del año pasado, ha sido presidida por tres personas. El primer presidente fue, varón, lo sucedió una mujer y recién acaba de asumir la presidencia otra mujer, cuando en una lógica de paridad si de verdad se cree en ella y se pretende respetar, seguiría un varón.
Pero no, continuó una mujer. Rafael Cano Franco, escribió al respecto en su leída columna "El Juglar de la Red” el pasado viernes, lo siguiente:
"…, el
Congreso del Estado acaba de mandar un pésimo mensaje al determinar que la
diputada del Partido del Trabajo, Diana Karina Barreras Samaniego presida el
Congreso del Estado durante septiembre.
"Violentando los acuerdos políticos pactados y en plena violación a la reglamentación interna, la diputada del PT consiguió el cargo, pero lo hizo de la peor manera y mandando un pésimo mensaje a futuro.
"Durante el receso legislativo, la diputada Natalia Rivera Grijalva fue la presidenta del Congreso, por ello al concluir su periodo, ese cargo correspondía a un hombre; sin embargo con argumentos sofistas, la presidencia correspondió a la legisladora petista”.
Me parece que la exposición es bastante clara. Sólo agregaría que si quienes promulgan las leyes no son capaces de respetar acuerdos, reglamentos y hasta la misma legislación, ¿con qué cara podrán presentar iniciativas creíbles, independientemente de que se aprueben o no?
Además, la
Mesa Directiva para septiembre parece un Club de la Pequeña Lulú. Está integrada
por 4 mujeres y un solo varón, que para rematarla, es únicamente suplente.
La verdad no me alcanza la materia gris para imaginarme la clase de grillero que se hubiera desatado si quienes se hubieran agandallado, fueran los diputados varones.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
Twitter: @fjespriella
Correo: felicianoespriella@gmail.com
