Día de publicación: 2022-08-29
Por: Feliciano J. Espriella
Comparemos Guaymas y San Carlos con Mazatlán, Los Cabos y Ensenada que reciben decenas de miles de turistas internacionales cada año, a diferencia de nuestras playas cuyos visitantes son mayoritariamente viajeros por tierra, pues los aeropuertos ni siquiera tienen iluminación para realizar vuelos nocturnos.
Como una reciente publicación en esta columna sobre el tema de turismo causó algo de escozor, lo retomo de nuevo para abundar en la argumentación.
El pasado 22 de agosto publiqué una columna titulada: "Incremento al turismo... una quimera”, en la que comenté de un exabrupto del gobernador Alfonso Durazo en un evento en el cual anunció que durante su mandato se elevará la participación del turismo que actualmente anda según él mismo informó en esa ocasión, en el 7% del Producto Interno Bruto Estatal (PIBE), hasta el 20%.
Espero no ofender a nadie por calificar de exabrupto las declaraciones del primer mandatario, pero la verdad tengo la impresión de que fueron hechas al calor de un acontecimiento positivo para el sector, como fue el reinicio de operaciones del Hotel San Carlos Plaza y que, en el marco de la euforia que se generó en el momento, el gobernador se dejó llevar por el entusiasmo.
La verdad es que en mi opinión, no existen fundamentos que avalen tan desproporcionado incremento en una actividad que ha sido tradicionalmente relegada por todas las administraciones estatales anteriores, mientras nuestros principales competidores, que vienen a ser los estados vecinos, impulsaron con mucha más visión y empuje el desarrollo de sus destinos turísticos.
En cuanto al calificativo de exabrupto, basta con recurrir a la etimología de la palabra, que según la Real Academia Española proviene de ex abrupto, que significa "con brusquedad”, "arrebatadamente”, para demostrar que no es de ninguna manera peyorativo.
Y en lo referente a la afirmación de la presente entrega, lo he dicho y lo he publicado decenas de veces en todos los medios en los que he colaborado: frente a la principal competencia turística de Sonora, la oferta de servicios y atractivos turísticos de la entidad es muy poca y de mucha menor categoría. Lo he discutido y debatido con cuando menos media docena de los titulares del ramo en los últimos años, y aunque por razón natural nunca lo han aceptado, tampoco han tenido argumentos suficientes para rebatir los míos.
Sin embargo, concediéndole
al señor gobernador el beneficio de la duda y para responder a quienes lo apoyan
y se molestaron con mi columna mencionada líneas atrás, por este medio le
solicito a Célida López Cárdenas, secretaria de Turismo Estatal,
me conceda una entrevista para abundar en el tema, pero por si no se enterara,
la solicitaré también por los conductos institucionales.
En tanto, insisto que no tenemos en Sonora infraestructura turística en cantidad y calidad suficientes para competir en igualdad de condiciones con Baja California, Baja California Sur, Sinaloa y Arizona, por las siguientes razones:
Nosotros contamos con sólo tres destinos turísticos que podrían interesar a los viajeros internacionales, que son los que realmente detonan la actividad en cada ciudad o región, son: Álamos, San Carlos y Puerto Peñasco, los demás lugares y regiones con bellezas y atractivos naturales carecen de servicios turísticos elementales.
Comparemos
Guaymas y San Carlos con Mazatlán, Los Cabos y Ensenada
que reciben decenas de miles de turistas internacionales cada año, a diferencia
de nuestras playas cuyos visitantes son mayoritariamente viajeros por tierra,
pues los aeropuertos ni siquiera tienen iluminación para realizar vuelos
nocturnos.
Si no se conocen las playas de nuestros estados vecinos, se puede goglear e informarse de la cantidad de hoteles y la calidad de las habitaciones que ofrecen, así como su amplísima oferta gastronómica, diversiones variadas, vida nocturna, tours por la ciudad y lugares cercanos, entre varios atractivos más que no existen en las nuestras.
Además,
nuestros puertos carecen de atención hospitalaria suficiente y de calidad,
requisito indispensable que piden las agencias turísticas internacionales, para
tener la garantía de que en caso de necesitarse, sus clientes podrán tener
atención médica integral, con especialistas calificados, equipamiento moderno e
instalaciones de primera.
Y en cuanto a Álamos, cuyas características pudieran ser únicas en la región noroeste, ningún gobernador le ha concedido interés suficiente para impulsar el potencial con el que indudablemente cuenta.
Yo seré el primero en reconocer al gobernador Durazo como un verdadero impulsor del turismo sonorense, si durante su mandato logra elevar el PIB turístico en tres puntos porcentuales, pero trece, ni soñando.
Además, hay que empezar de inmediato, pues el primer año no hubo nada. En tanto, como afirmo y sostengo en el título:
En oferta turística estamos en pañales.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

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